Si hubo alguien quien marcara nuestras vidas, como las de todos sus descendientes, esa fue mamá Teresa, mujer de gran carácter, inteligencia vivaz y admirable por su capacidad de hacer lo más increible de la manera más sencilla, como aprender croché a los 66 y a los dos años estar dictando clases de confección de zapatos y carteras a croché en los clubes de madres de la Región Puno, lo cual le fue reconocido con el diploma de rigor.
Ella amaba la vida, pero falleció pese a su tenaz lucha contra la leucemia. Fue casi al año de su retorno de Italia, tierra de sus ancestros, y se dio el gusto de conocer a su primera bisneta, hija de su adorada Valery. Y si algo nos enseñó fue el gusto por vivir y a "hablar siempre con la cabeza".
Amaba el arte, por lo que la velamos como ella quiso, con la música de los Panchos y otros artistas de su época que a ella le gustaban. Y si bien no dejó herencia, porque, como decía, su fortuna era el amor que le prodigaban sus hijos, nos dejó su poesía, hecha con retazos de vida. He aquí la transcripción de un poema redactado con su bella caligrafía.
SABRINA
Hace 5 años.
